El fracaso de JESÚS | P. Guillermo Arias, S.J.

Viernes Santo

 

Mis queridos hermanos, hace unos minutos recibí un artículo por email de quien fuera mi director espiritual en los últimos años que viví en Miami. Bueno, de alguna manera lo sigue siendo porque pese a su apretada agenda, más de una vez me ha atendido por teléfono, quizá porque sabe que yo sin guía no meto la pata, sino el cuerpo entero.

El artículo me tocó tan profundo, por tantas cosas que he venido procesando interiormente, y que algunas ya las he externado en más de una charla o conferencia. Por ello le pedí que me dejara publicar su artículo para que el beneficio fuera también de ustedes, aunque no faltará quien lo crucifique también a él, por atreverse a decir lo que hoy muchos dentro y fuera de la Iglesia terminan por callar. Sin más, les dejo con el artículo del P. Guillermo Arias, S.J.

DIOS les bendiga.

 

EL FRACASO DE JESÚS

Me duele titular así esta columna. Infinitamente más le dolió al Buen Jesús el cuantificable fracaso de su misión redentora. Aquel Viernes Santo Israel lo crucificaba. Hoy una Humanidad igualmente rebelde, malagradecida, irredenta continúa pecando contra su Amor.

¿Pecando? ¿Pecado? ¿Qué dice? Ese concepto atávico e intrascendente no nos dice nada. ¿En qué planeta viven ustedes? Que si odiar es pecado, que si abortar también… ¡Déjense ya de eso! Hace rato ya que es legal, ¡y hasta lucrativo!

Mire, cura, como aquí ganemos los demócratas toda esa vaina ¡se acaba ya! Si algo me apetece, ¡lo hago! ¡Todo está permitido! Si por carambola sale el encrespado billonario que tiene desconcertados a los republicanos, lo mismo. Mientras sigamos poderosos y prósperos ¡no hay más que hablar! ¡Los vecinos pobres que se chaven!

Entiendo, lector descreído. Me temo también que si “cada país tiene los gobernantes que se merece”, aquí vamos a estar pagando nuestras pocas vergüenzas acumuladas muy caro… Si el diagnóstico pesimista que te presento a continuación de las consecuencias de nuestra actual traición a Dios no lo avalan los síntomas que te presento esquemáticamente, desconecta.

Asumo que estás razonablemente al tanto de lo que pasa en Europa. Decidieron desentenderse de sus raíces cristianas y tomar esa lisonjera ruta amoral e inmoral que te entusiasma. El Islam sectario, convulso, desbocado, rompe por todas sus fronteras. Bombardear por todas partes ya no resuelve. Al contrario, lo ha complicado todo aún más… Se resquebrajan vertiginosamente las endebles bases de su idílico confort y no saben hacia dónde coger. Le vendieron su alma alegremente a Satanás y comienzan a darse cuenta que sólo les cohesiona el euro, cada día más inestable y maltrecho.

Observa en concreto a España. No logran formar gobierno. Nadie confía ya más en nadie. ¡Jamás se imaginaron que unos y otros podían ser tan corruptos! Calcularon bien mal. Una vez que se ignora o desprecia a Dios y sus leyes, nos saltamos –liberados– todas las demás barreras. Aun las que nos protegen de despeñarnos.

Por esos derrumbaderos andamos. Demasiados desalmados carentes de amor o respeto a Dios cargan armas convencionales, químicas y nucleares en esta encrucijada de la Historia. ¿Hasta cuándo podrá ampararnos el desmedido Amor que nos ha mostrado el Padre en su Hijo Crucificado si continuamos burlándonos de Él?

“El alma del pecador está muerta, aunque su cuerpo esté sano, dijo San Agustín. Parecido a cuando tenemos cáncer y seguimos rumbando hasta que nos desplomamos. Eso trato de expresar, el rechazo inicial de Israel a Jesús se ha venido tornando más y más en rechazo universal.

Un médico no puede ayudarte si no admites que estás enfermo. Jesús no puede sanar a quien ni reconoce sus pecados ni pide perdón. Este Viernes Santo me impacta más otras veces pensar el Corazón de Cristo destrozado por nuestra soberbia sinrazón y sus letales consecuencias… Jesús Crucificado tuvo que estar angustiosamente consciente de que al repudiarle rechazaríamos la Vida misma. Abrazaríamos muerte actual y eterna.

El Infierno impone una gravedad y seriedad existencial ineludible a nuestra libertad humana. Tú podrás engañarte todo lo que quieras, pero Jesús en el Evangelio de Juan nos advirtió diáfanamente que no creer en Él nos separa para siempre de la Vida. Repasa también el capítulo 25 de Mateo: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, porque tuve hambre…” No amar como yo les pido – leo yo – les pondrá irremisiblemente en el disparadero del odio y la oscuridad definitivas.

Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, en una de sus catequesis advertía a sus queridos campesinos: “Miren, si uno cualquiera de los que están en el Infierno pudiera decir una sola vez “Dios mío, ¡te amo!”, se terminaría inmediatamente para él el infierno. Pero, ¡ay!, el problema reside en que esos infelices perdieron para siempre la capacidad de amarle que Dios les dio, ¡y que ellos desdeñaron!”.

¿Cómo se me ocurre recordarles en este Año de la Misericordia esa verdad – tan impopular – de nuestra fe que es el Infierno? En breve, porque quien desdeña su Amor, ofende gravemente su Misericordia y opta diabólicamente por la muerte eterna. Único fracaso absoluto, irreparable.

Para eso no es que murió Jesús, ¡no! Sino para que tengamos Vida, abundante ¡y eterna! Eterna –por cierto– es bastante más que novecientos trillones de billones de años. ¡Uh!

¡Gracias por tus donaciones!

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