Los consejos de un santo sacerdote anciano

Sacerdote Anciano

Imagen: Rembrandt

 

 

Primeramente quisiera hacer algunas aclaraciones:

1. Quiero aclarar que aquí el término “santo” no pretende adjudicarse de forma canónica, pues evidentemente este sacerdote al estar aún vivo no ha sido canonizado, y quizá después de su muerte tampoco lo sea, como tantos santos no canonizados que dejaron un tipo de santidad un tanto anónima…

2. Cuando veas el asterisco entre paréntesis (*) significa que parte ahí se dijo algo, pero por problemas del audio no pude transcribirlo. Usualmente fue a causas de ruidos en ese momento o poca claridad en la voz.

Dicho esto, comenzaré cronológicamente…

Hace unos días fui a una capilla de Adoración Perpetua a eso de las 10 de la noche. Entraron junto conmigo algunas señoras que estaban llegando en ése momento. Al poco tiempo de estar ahí, entran dos varones, uno de ellos era un anciano con un saco y debajo del saco vestía una vieja alba toda remendada, así como un cíngulo. Seré honesto y pensé que podría ser uno de esos laicos que les gusta pasar por clérigo o consagrado. Créanme, conozco varios que portan vestimenta de consagrados sin serlo, sino habiéndosela impuesto ellos mismos por libre iniciativa o supuestos mensajes de la Virgen, etc…

Mi opinión fue cambiando cuando el viejito duró su buen tiempo de rodillas, y cuando se disponía a levantarse, una de las señoras preguntó al otro varón si el anciano era sacerdote. Él varón asintió, y fue donde dije en mi interior “ahora es cuando chile verde le haz de dar sabor al caldo”, pues tenía planeado confesarme al día siguiente, pero no perdí la oportunidad de pedirle confesión. El sacerdote aceptó. La capilla es casi diminuta, pero tiene una pequeñísima recepción. Pusimos dos sillas ahí y me confesó.

Al terminar mi confesión, las demás señoras pidieron ser confesadas, el padre amablemente asintió, y dado lo pequeño del espacio, se me ocurrió poner música instrumental para proteger el secreto de confesión. Cada señora entraba llorando, y me iba confirmando que había algo especial en ese humilde sacerdote anciano. Cuando terminó de confesar a las señoras le pedí un cita. Fue ahí donde me enteré que era un sacerdote misionero, que estaba por pocos días en la ciudad, pero aceptó recibirme al siguiente día.

Antes de compartirles sus providenciales consejos, les hago un resumen de datos biográficos que el me compartió:

– Mexicano de 89 años.

– Está retirado pero ayuda en una zona muy pobre asediada por narcotraficantes en México.

– Su padre fue perseguido y torturado en tiempos de la persecución cristera por ayudar al Beato Anacleto González Flores y compañeros mártires.

– De sus 10 hermanos, se consagraron además de él, un hermano como sacerdote y una hermana como religiosa. Los dos ya fallecidos.

– Él había sido metido tres veces en la cárcel por el gobierno demoniaco de Tomás Garrido Canabal.

– Como misionero había servido con los más pobres en Venezuela y Brasil.

– Su ministerio con especial acento ha sido desarrollado con los enfermos, a los cuales sigue visitando a donde quiera que va.

Cuando terminó el momento de dirección espiritual, fue de tanta riqueza para mí, que le pedí que me concediera una entrevista, la cual no aceptó, y me contó cómo en uno de los pueblecitos una vez alguien le pidió permiso de tomarle unas fotos. Él aceptó, pero al ver que las fotos eran de todos los perfiles, preguntó que para qué las querían, a lo que le respondieron que para hacerle una estatua en el pueblo. En su humildad se negó con firmeza.

Sin embargo quise hacer un intento más. Le dije que sólo en audio, que no en vídeo. Pero me dijo que mejor tomara lo necesario y que mejor yo después lo transmitiera. Puse a grabar mi dispositivo para poder transcribir después lo que dijo lo más fidedignamente posible.

Evidentemente en la dirección espiritual no grabé, pero iba tomando notas, y aunque son de carácter personal, me veo en la necesidad de compartir las frases que más me marcaron en favor de los que espiritualmente estén en circunstancias pastorales y vocacionales similares a la mía. Así que comienzo primero compartiendo dichas notas:

– Muchos le dicen ‘Sí’ a Cristo, pero sin decirle ‘No’ al mundo

– Individualmente harás mucho, a nivel colectivo te van a bloquear

– Benedicto XVI es una raíz silenciosa pero efectivísima

– No tengas miedo a ser una voz que clama en el desierto

– No vas a tener apoyo en la jerarquía, principalmente porque varios sectores de ella están saturados de burocratismo, de ambición acomodaticia con fines personales

– Sigue ofreciendo al Cristo original, no el maquillado

– Eso sí, no esperes que te pongan alfombra roja, sino de espinas

– Vas a encontrar una Cruz con todo y clavos

– Ve en todos a Cristo para ayudarlos a resucitar

– Con Cristo me agarro el cielo, con Maria me agarro a Cristo

– Estamos por comenzar a vivir como la primera iglesia… de forma catacúmbica

– Que la línea de tus palabras sea la línea de tu conciencia

– Recuerda que el buen profeta no sólo anuncia vacas gordas, sino también vacas flacas

– Sé como Benedicto XVI, que decía las cosas claras, pero en ciertas ocasiones las endulzaba con el fin de ganar almas

– Siempre fíjate primero en las cosas que nos unen

– Una vez dado el paso, no des marcha atrás

Finalmente, les dejo la transcripción del audio de la última parte de nuestro diálogo. Evidentemente como han visto, no he mencionado el nombre del padre porque quiero ser muy respetuoso con su petición de no aparecer, de mantenerse como ese pobre sacerdote que se funde por los demás de forma callada y casi anónima.

Christian: Me gustaría preguntarle en ese sentido: un sacerdote en crisis de su sacerdocio, no necesariamente por alguna mujer o por lo que sea, que quiera dejar su sacerdocio ¿usted qué le recomendaría? ¿Qué le diría a un sacerdote en crisis?

Padre: Yo le recomendaría… Generalmente esas crisis vienen por la falta de fe, por la falta de oración. Que se acerque a Dios y que se acerque a María. María ama a los sacerdotes como amaba a su Hijo. (*) Y la Eucaristía. En la Eucaristía allí estamos nosotros metidos en la Eucaristía, porque no dicen “tomen y coman, este es el Cuerpo de Cristo”, No. “¡Este es MÍ Cuerpo!”…

Christian: Claro, In Persona Christi

Padre: Entonces soy Cristo. Cuando a mí me ordenó el obispo no me dijo (*) predica el Evangelio a toda creatura, perdona los pecados a quien cumpla sus obligaciones en ese punto, y celebra la Santa Misa. Son las tres cosas que todo sacerdote no debe de perder de vista: Predicar, perdonar y celebrar. ¡Y lánzate al mundo!
Porque en el predicar ya entra ahí la homilía, (*) entran los actos. Celebrar, Cristo Eucaristía. Sin Él nada podemos hacer. Y sin Él vamos a fracasar (*), y sin Él la crisis sacerdotal que estamos viviendo en el mundo va a seguirse ahondando y va a llegar un momento en que los sacerdotes sean ya como cualquiera otra persona, y ya van a perder su dignidad sacerdotal, su dignidad divina, su dignidad vocacional. ¿Por qué? porque no va haber esa profundidad de corazón de tener a Cristo en tu corazón, de que tus labios sean los de Cristo que hablan, que tus manos sean las de Cristo que bendigan, el corazón sea el de Cristo que amen.

Christian: Déjeme preguntarle una segunda pregunta… ¿Qué recomendación le podría usted decir ya no a los sacerdotes, sino a cualquiera que asista a la Misa para poder vivir bien la Misa? ¿Qué uno puede hacer para poder vivir con mayor profundidad la Misa? ¿Qué usted le podría decir?

Padre: Primero conocer lo que es la Misa. Yo siempre he dicho que conozcamos primero a Cristo porque sólo así lo podemos amar. Y si conocemos a Cristo hablando de Él, leyendo la Escritura, el Catecismo que nos hace mucha falta, haciendo las obras de misericordia, los Sacramentos, entonces ya podemos dar el segundo paso: amarlo. Y una vez que ya demos el segundo paso y empecemos amar a Cristo vendrá luego lo demás, servirle. Pero ese es el paso. Si alguien quiere brincarse alguno de esos pasos, ya no. Estamos en crisis y vamos a caer en crisis.
Entonces conocer a Cristo, conocer la Iglesia, conocer a Dios. Y luego amar a Cristo, amar a la Iglesia y amar a Dios, ¿verdad?… y servirlo en el prójimo. Y entonces sí no habrá para ti ningún borracho, ningún drogadicto, ningún leproso, ningún sidoso, habrá un hermano.

Christian: Ya, ¿pero en el momento de la Misa? Le digo porque a veces se ha perdido la reverencia, se ha hecho más un show de la Misa. ¿Usted qué recomendaría para poder rescatar el sentido de lo Sagrado?

Padre: Que viva su sacramento. Que el sacerdote viva su sacramento. Tú no puedes transmitir a nadie lo que no vives. Yo veo a Cristo, no digo físicamente, pero yo veo a Cristo en mi consagración.
Yo te voy a decir esto, y con el temor de que lastime, por ejemplo yo ahora me acuerdo que un padre que una vez consagró… (hizo el ademán de que dicho sacerdote depositó la hostia consagrada bruscamente en la patena) Y yo digo, ¡Dios mío, pero si está vivo! ¡Lo vas a marear, lo vas a golpear al caer allí abajo!
Y al final de la Misa todavía peor, agarró el corporal (hizo el ademán de que dicho sacerdote sacudió el corporal) ¡Lo sacudió! Y acabando la Misa ahí voy a la sacristía:
– Padre, perdóneme que le diga esto.. ¿se fijó usted cómo hizo su consagración?
– Sí y qué, ¿qué tiene de malo, o qué tiene de bueno, o por qué me dice eso, usted quién es?
– Le digo, simplemente, padre, un fiel cristiano que cree en Dios, que cree que Cristo está en la Hostia Consagrada, y que es una Persona viva, y que si yo me subo en un columpio y me dejo venir me voy a marear (*) Cristo merece nuestro cariño, nuestra ternura, de bajarlo tranquilito, de enseñarlo a todos, no nomás ahí como un relámpago, primero. Y segundo, padre, dice el himno del Jueves Santo:
– (*) tanto está Cristo en toda la Hostia Consagrada, como en la pequeña migajita de la Hostia. Entonces yo vi como sacudió…
– ¡¿Todavía usted cree que Cristo está en esas migajas?!
– Le digo, sí padre, sí creo y adoro a mi Cristo ahí. Si yo tuviera buena vista fuer ahí donde usted sacudió el corporal y lo comía… lo adoraba primero y lo comía.

Christian: Una última pregunta para ya dejarlo. Sobretodo porque su ministerio ha trabajado con muchos enfermos, ¿me podría decir lecciones que Dios le ha mostrado con los enfermos? ¿qué ha aprendido con los enfermos?

Padre: Bueno, mira, de todo… Lo mismo he aprendido a ver a Judas Iscariote ahí, que también ver a María Magdalena.
Entonces yo he aprendido mucho. Para mí son una escuela los enfermos. Unos qué maravilla, cómo sobrellevan su cruz. Verdaderamente son Cristos que están recibiendo la cruz y aceptándola por la salvación del mundo. Eso me lo han enseñado mucho.
Los que no me lo han enseñado, o los que me han enseñado otra cosa:
– “Lárguese de aquí, no quiero nada de eso”
– “ok, hermano, yo seguiré rogando por ti… yo siempre estaré rogando por ti, y más por ti que por nadie”.
Yo los dejo en las manos de Dios y en mi oración todavía los tengo.

Christian: ¿Qué recomendación le podría dar a un enfermo que está sufriendo mucho, o que ya está agonizando, qué usted le recomendaría?

Padre: Yo les digo que soy un enamorado del amor, y les digo, “hermano, Dios te ama, entiéndelo por amor de Dios. Dios te quiere mucho, por eso te está dando su Cruz, por eso estás tú crucificándote con Él. Tú no sólo eres redimido, eres redentor también, así que ama a Cristo, acepta tu cruz, acepta tu dolor, ofrécelo por tus hijos, mira esa hija que la violaron, o esa hija que se fue con el novio, o ese hijo que no le cumplió a la muchacha, ese esposo que te engañó. Ofrécele a Dios todo eso, porque Dios te ama como no te imaginas, y por eso te pide ese dolor tan grande”. Yo les he hablado así.

Christian: Pues muchas gracias, Padre, no se si pudiera antes de irme orar por mí… (*)

El Padre fue por unos documentos y un libro para regalármelo

Padre: (*) (mostrándome los documentos) A veces yo les digo en broma a otras personas, a ese Papa (Se refiere al Papa Francisco) le voy a decir que por favor respete el derecho de autor, porque muchas de las cosas que dice aquí, ya hace cincuenta años que las digo yo. (Una breve risa) Y les digo, ¿por qué? porque soy misionero del pueblo, de las gentes pobres, y todo, ¿verdad? Y el maravillosamente tiene la capacidad de tecnología (*)

Después me dio un libro sobre las Obras de Misericordia y escribió en su interior lo siguiente…

+ La vida es el regalo que Dios nos da… La forma en que la vivimos es el regalo que nosotros damos a Dios…
Que la bendición de Dios esté siempre en cada momento de tu vida…
¡Amén!
+ P. (firmó con su nombre)

Acto seguido me bendijo…

Padre: Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su Rostro y tenga misericordia de ti. Te mire benignamente y te conceda la gracia de la salud, del amor, de la paz. Que sigas predicando el Evangelio de Dios a toda creatura, y que vayas por el mundo encontrando a Cristo en cada hermano. Que tus ojos sean los ojos de Cristo, que miren todo lo bueno, y que hagan a un lado todo lo que no es bueno. Que tus manos sean las manos de Cristo, que no sepan nunca golpear, nunca hacer daño, sino al contrario, acariciar y bendecir. Que tus pies sean los pies de Cristo para que vayas iluminando tu pasos y los demás los sigan con seguridad. Y sobretodo que tu corazón sea el Corazón de Cristo, que sepa amar a todo el mundo, como te amas a ti mismo. Que el Señor te llene de su gracia y de bendición.
Dulce Madre, no te alejes, tu vista de él no apartes, ve con él a todas partes y solo nunca lo dejes. Ya que lo proteges tanto como verdadera Madre, haz que lo bendiga el Padre, El Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Mi oración te seguirá a donde quiera que vayas. Cuando tengas más problemas acuérdate que ahí está el padre (dijo su nombre) contigo. (*) Y haz una oración por mí.

 

DIOS les bendiga.

Christian Huerta

www.semperfiat.com

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