No ames con “Amor de Bulldog” – Felipe Gómez

BDMom

 

No hace mucho, un amigo logró que su perra bulldog, se cruzara con un muy buen ejemplar, pues el tipo es un apasionado con el tema de los perros de exposición y quería que su querida mascota le diera unos buenos cachorros para registrarlos.

Antes de que la perra pariera su camada, los perritos ya estaban vendidos. Nacieron tres hermosos animalitos por cesárea, pues esa raza se caracteriza por tener caderas muy angostas y necesitan de la ayuda humana para su reproducción.

¡En fin! Para hacerles corta la historia, un día, este amigo aficionado, en un descuido, encontró a los tres cachorros aplastados por la mama, pues la perra al amamantarlos, decidió hacer una siesta sobre sus amados retoños y los dejo como una arepa.

Hoy precisamente recibí un correo de una persona, que sufre de lo que llamáremos “AMOR DE BULLDOG”.

En muchas ocasiones la mayoría hemos sufrido de esos “Amores” ¡que aplastan!

Consideré hasta hace poco algo cursi, la frase de:

Si amas a alguien déjalo libre, si vuelve a ti fue tuyo, si no, es que nunca lo fue.

pero la verdad he visto amores que no dejan a la otra parte ni respirar y esta frase les viene como anillo al dedo.

Esos amores de algunas mamás, que no permiten, que su “bebé” casi cuarentón abandone el nido, y lo acostumbran a llevarle el desayuno a la camita, y sin querer queriendo educaron a un hombre egoísta, consentido e inútil.

O ese novio, que al entablar una relación le redujo a su novia el círculo de amigos a menos cero, por culpa de sus celos enfermizos y no le permite ni siquiera usar su ropa preferida o hablar con sus compañeros de clase. ¿Vamos entendiendo?

Existen muchos amores de este tipo bulldog, que en lugar de ayudar a crecer, ¡ahogan!

Hace bien aceptar, que en nuestra sociedad machista, donde nos queremos sentir alfa dominantes, aspiramos poder apagar la voz de nuestras esposas o al menos anular su voto.

¡Queremos sentir que somos los que mandamos! Pero la verdad, el amor, o al menos el de Dios, no es así.

Ese enfermizo apego en el cual evitamos que nuestra otra parte crezca o se reduzca todo a que nuestra pareja evite dar su opinión para no tener que enfrentarse con un “atravesado” que fácilmente se sale de sus casillas, ¡eso no es amor!

A veces nuestro amor aprieta hasta ahogar, exige sin preguntar y al final, aplasta y ahoga sin pensar.

Hoy, después de 18 años de casado, puedo ver que muchas veces mi esposa ha tenido que ceder en el amor, porque yo, no quería pollo sino pescado. Y aunque ella prefiriera alguna cosa diferente, prefería o ha preferido no compartir su gusto para evitar una discusión.

Tu, y yo, tenemos un poco de ese amor que obliga y aplasta, de ese amor que empuja y no pregunta ni pide permiso, un poco de mal amor, que es más bien egoísmo y mala educación.

Te invito a negarte a ti mismo, a ceder, a alimentar sin rellenar, a amar a tus hijos aceptando su libertad, a amar a tu esposa o tu pareja, comprendiendo que ella no eres tú y no tiene porque pensar o actuar igual a ti.

Ama sin aplastar, sólo eso. Dios te bendiga.

 

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Para ver la entrevista que le realicé a Felipe Gómez:

“Matrimonios Santos, Familias Santas”

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