No tengo edad para amarte…

Gigliola


“No tengo edad, no tengo edad para amarte, y no está bien que salgamos solos los dos”
… así comenzaba la famosa canción de la Italiana Gigliola Cinquetti en los años 60’s. Y evidente esto nos lleva a pensar si verdaderamente el amor es cuestión de edad. Pues bien, quisiera comenzar con una anécdota personal:

Me encontraba colaborando en una estación de radio católica en Los Angeles, California. Trabajaba en el área de producción y revisión de calidad de los contenidos formativos. Pero en una ocasión el joven que manejaba los controles en cabina no pudo ir y su remplazo tampoco, así que entré como vulgarmente se dice en el ambiente taurino “a hacer el quite”

Se trataba de un programa que conducía la conocida cantante y psicóloga católica Sandy Caldera. En ese entonces ella aún transmitía desde Tijuana, México. Me encargué de hacer la conexión y comenzar a pasar las llamadas del los radio-escuchas. El tema: “Historias de amor antes del matrimonio”.

La gente comenzó a contar sus historias de como se conocieron, obstáculos y alegrías, hasta que entró una llamada de una ancianita que nunca olvidaré. La señora mencionó que tenía 54 años de casada, y he aquí su historia de amor:

Ella y su esposo eran de un pueblito de Oaxaca, México. Ella se encontraba en la plaza del pueblo con una amiga, y de pronto se topó con un hombre de mirada profunda. Hablaron un poco, y se dio el proceso químico-cerebral del enamoramiento. El problema es que él tenía 30 años y ella 15… ¡Imposible que hubiera algo entre ellos, le doblaba la edad!

A la semana siguiente se aparece ese varón en su casa y habló con los padres de ella. Les dijo que estaba enamorado, que quisiera comenzar un proceso de conocimiento mutuo con ella, pero que entendía las limitaciones que genera la gran diferencia de edad. Seguido de esto, prometió no buscarla, no verla, no hablar con ella, tan sólo pidió que le permitieran mandarle cartas -que incluso los mismos padres podían leer- hasta que ella cumpliera la mayoría de edad.

Pues para resumirles, los padres aceptaron, él cumplió su promesa de no verla y de enviarle cartas por tres años, y al término de éstos, se hicieron novios. Tuvieron un noviazgo de tres años y finalmente recibieron el sacramento del matrimonio.

Sin duda habrá sus excepciones, pero no creo que el amor pase necesariamente por la edad biológica, sino por la madurez humana y espiritual. Y en mi 16 años de misionero créanme que he visto adolescentes, e incluso niños, humana y espiritualmente más maduros que muchos adultos.

Es cierto, a como están los tiempos, hay muchos peligros en esos tipos de relaciones, porque puede pasar, en especial cuando los varones son los de edad más avanzada, que busquen una chica de mucho menor edad para poderla manipular o como resultado de una mala asimilación de la mentada crisis de los 40’s. Por algo a esos les llamamos en México “Viejitos Rabo Verdes”.

Y por parte de las mujeres, es ya comprobado que si una niña no tiene una figura paternal sólida, terminará conscientemente buscando un novio, pero inconscientemente buscando un padre. Y ojo, al hablar de figura paternal no me refiero a tener la presencia del varón que la engendró, pues la paternidad va más, muchísimo más allá de un espermatozoide. Pero ese es otro tema y no me quiero desviar. Quedémonos tan sólo con la realidad de que muchas chicas por sus heridas emocionales están buscando más un padre que un esposo.

 

  • El amor sabe esperar

Continúa la canción de Gigliola diciendo:

 

tal vez querrás, tal vez querrás, esperarte que sea mayor y pueda darte mi amor.

 

Aquí encontramos una primera clave: El amor sabe esperar.

Es conmovedor saber de esos tres años que pasó ese hombre esperando a la mujer con la que hoy tiene más de 50 años de casado. No fue una espera estéril o un simple protocolo, él bien sabía que en ella se podía aplicar lo que la canción agrega:

 

no sé que más, no sé que más puedo decirte, tú sabes ya, muchas más cosas que yo. Deja que viva, este amor tan romántico, deja que llegue el día soñado mas ahora no.

 

El amor espera, y por ende, nunca saca ventaja ni de la edad, ni del enamoramiento, ni de las heridas e inmadurez ajena. Antes bien, es lo suficientemente creativo para amar de formas nuevas. Es decir, no es pasivo y mediocre, sino que respetando los tiempos, la libertad y el proceso del otro, se convierte en ofrenda, así tenga que ser desde la distancia y el anonimato.

Dice la sabiduría popular:

 

Si a la amiga le das lo de la novia, y a la novia le das lo de la esposa, ¿a la esposa qué le vas a dar?

 

A esta altura creo que ya a todos se les debe venir otros temas de suma importancia en la preparación del matrimonio como sería el de la castidad, hoy tan erróneamente confundida con una simple abstinencia. Hablar de castidad es hablar de preparación en la fidelidad, por eso no se entiende la castidad sin la virtud teologal del amor.

 

  • El amor es paciente porque nace y permanece en la gracia. 

En consecuencia, quiero concluir motivando a forjar la virtud de la paciencia. Sí, de esa virtud llamada popularmente la Ciencia de la Paz (Paz-Ciencia). Pero para ello hay que entender las palabras de JESÚS:

 

Les doy mi paz, pero no se las doy como la dan los que son del mundo (Jn 14, 27)

 

Juan Pablo II decía que la paz de DIOS no es la paz del mundo, porque la paz de DIOS no es la ausencia de conflicto y crisis, sino el gobierno de la Gracia sobre esos conflictos y crisis. Para conseguir la paz del mundo basta un spa, un viaje, o cualquier tipo de placer egoísta.

Y si la paz de DIOS es el gobierno de la gracia sobre nuestra realidad humana, como católicos no podemos pretender amar mediante la virtud de la paciencia si no llevamos una vida sacramental y de oración seria. Sin lugar a dudas hay una paciencia humana que no depende de fe alguna, pero por ende tiene sus limites también. La paciencia que brota de la virtud teologal del amor es ofrenda, es completo olvido de sí mismo, es generadora de una santa y exquisita creatividad. Es como ya lo he dicho muchas veces: Convertirse en un puente entre la persona amada y DIOS.

Así que no te preguntes si tienes edad biológica para noviar o casarte, pregúntate qué edad tienes a nivel humano y sobre todo espiritual, pues de no tener éstas dos, usarás o te usarán, y quien usa no ama. DIOS te bendiga.

 

www.semperfiat.com

 

http://youtu.be/7r87MMSdNug

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