Soy culpable de las mayores desgracias dentro y fuera de la Iglesia

“No existe pecado alguno, aun el más íntimo y secreto, el más estrictamente individual, que afecte exclusivamente a aquel que lo comete. Todo pecado repercute, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor daño en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana.”

(San Juan Pablo II)

 

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