Viacrucis Eucarístico – San José María Robles

 

Imagen: James Tissot

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San José María RoblesViacrucis Eucarístico – San José María Robles

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San José María Robles Hurtado nació en Mascota, Jalisco, México el 3 de mayo de 1888 hijo del Sr. Antonio Robles y de la Sra. Petronila Hurtado. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Recibió la confirmación el 10 de marzo de 1896. Hizo su Primera Comunión el 12 de septiembre de 1896. Inició sus estudios en la escuela oficial y continuó su instrucción primaria en la escuela parroquial. Pero la mayor influencia educativa la recibió en su hogar, sobre todo de su madre, mujer profundamente cristiana.

En 1900 ingresó al Seminario de Guadalajara. En 1904 estuvo a punto de dejar el Seminario,

pero sus padres, con amor y energía, le hicieron recapacitar en la sublimidad de su vocación, y al practicar unos ejercicios espirituales se afianzó en su vocación. Era inteligente y muy estudioso por lo que siempre se distinguió con máximas calificaciones.

En 1911 recibió el Subdiaconado y el Diaconado; un año más tarde le confiaron los cargos de vice-rector y ecónomo del Seminario. Fue ordenado sacerdote el 22 de marzo de 1913 en el templo de la Soledad, de Guadalajara, Jal., por el Excmo. Sr. Francisco Orozco y Jiménez.

Estuvo en Mascota, Jalisco de 1914 a 1916. Allí se dedicó a dar a conocer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús por medio de la Santísima Virgen María. Siendo capellán de las religiosas del Verbo Encarnado, y durante la celebración de la Misa, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, 11 de junio de 1915, tuvo la inspiración de fundar una congregación religiosa cuyo carisma se inspiraba en el pensamiento; “Ya no verdugos, sino víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús”.

Después fue enviado a Nochistlán, Zacatecas en 1916, como ministro a la Parroquia de Nochistlán, Zac, cuyo párroco era el Sr. Cura D. Román Adame. Allí fue nombrado profesor del Seminario Auxiliar y en su ministerio dio pruebas innumerables de obediencia, piedad, laboriosidad y abnegación.

Por unos cuantos días fue trasladado como  ministro a Mexticacán, Jal., pero regresó nuevamente a Nochistlán. El 27 de diciembre de 1918 fundó la congregación de Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús, después de vencer serios obstáculos y siempre con ejemplar sumisión a las autoridades eclesiásticas. Siete fueron las hermanas fundadoras.

Tecolotlán, Jalisco: En diciembre de 1920 fue nombrado párroco de Tecolotlán, Jal. Desde su primer sermón en esa parroquia se ganó la confianza y admiración de sus feligreses y con su fervorosa predicación comenzó a encender en el corazón de todos el amor al Sacratísimo Corazón de Jesús. Una de sus primeras preocupaciones fue visitar el hospital y al encontrarlo en ruinas concibió la idea de reedificar la finca. Formó grupos de fieles para integrarlos a la labor parroquial sin distinción de clases, sexos o edades. Tuvo especiales atenciones para los obreros, a quienes exhortaba a la fraternidad y a la observancia de una vida netamente cristiana. Se ganó la simpatía de sus feligreses por brindarles un trato siempre amable, de sincera amistad, de estímulo al cumplimiento de sus deberes.

El P. Robles se distinguió por la perseverancia y constancia en superar los obstáculos, como en el caso de la fundación de su congregación, pero su virtud relevante era el amor al Corazón de Jesús y su deseo vehemente de salvar a los hombres. Celebraba la santa Misa con mucho fervor y trataba de infundir en sus feligreses el amor a la Eucaristía.

Amaba entrañablemente a la Santísima Virgen. Lleno de caridad para con todos se prodigaba en el confesionario y en la atención a los enfer­mos. Por medio de la prensa propagó la doctrina cristiana y el apostolado del Sagrado Corazón de Jesús.

Con motivo de la persecución religiosa tuvo que ocultarse desde el 2 de enero de 1927, puesto que el Gobierno Federal le había declarado una persecución más severa desde que colocó una Cruz en “La Loma”, considerando este hecho como un delito. Desde la casa donde estaba escondido vigilaba y oraba por sus feligreses; escribía las normas que habrían de regir a la comunidad religiosa fundada por él. El 26 de febrero de 1927, al conocer la orden dada por Gobernación para que fueran aprehendidos los sacerdotes, exclamó lleno de fe: “Estamos en las manos de Dios”.Y poco después, cuando le rogaron que huyera para evitar que lo mataran, contestó sonriendo ¡Ah, si el Corazón Eucarístico me llevara!”.

El 25 de junio de 1927 se disponía el Sr. Cura a celebrar la santa Misa cuando llegaron los soldados y sitiaron la casa de la familia Agraz, luego entraron a catearla por orden expresa del Coronel Calderón, quien había recibido telegráfi­camente esta orden: “Procédase con todo rigor en contra del cura rebelde”. Los soldados tomaron prisionero al P. Robles y lo condujeron al cuartel de los agraristas donde pasó el resto del día y parte de la noche. Se hicieron algunas diligencias ante los jefes militares para lograr su libertad pero fueron rechazadas hasta con groserías. En la noche un grupo de jovencitas lograron acercarse a la prisión y recibieron, por conducto de los vigilantes, el breviario del Sr. Cura en donde venían unos versos en honor del Sagrado Corazón y de la Santísima Virgen. Era una última manifestación de su gran amor al Corazón de Jesús y la aceptación gustosa del martirio:

“Quiero amar tu Corazón Jesús mío, con delirio quiero amarle con pasión, quiero amarle hasta el martirio.

Con el alma te bendigo mi Sagrado Corazón; dime: ¿se llega el instante de feliz y eterna unión?.

Tiéndeme, Jesús, los brazos, pues tu “pequeñito soy”; de ellos, al seguro amparo, a donde lo ordenes, voy”

A media noche, sujeto con cuerdas, fue sacado de la cárcel y obligado a caminar rumbo a la sierra de Quila. Un soldado al notar que el Sr. Cura se le dificultaba caminar, le cedió el caballo. Al llegar a la parte más alta de la sierra, los soldados se detuvieron. El P. Robles comprendiendo que lo iban a ahorcar perdonó a sus verdugos y al acer­carse uno de los agraristas, que era su compadre, llamado Enrique, le dijo: “Compadre, no te manches” y tomándole la soga de entre las manos se la colocó él mismo. Los soldados consumaron el crimen y lo bajaron poco tiempo después ordenando a unos arrieros que dieran aviso a la gente de Quila que allí estaba un ajusticiado; era el 26 de junio de 1927.

Vinieron algunas personas de una carbonera cercana y sepultaron superficialmente el cadáver, sin reconocer que era el del Sr. Cura de Tecolotlán.

Al día siguiente, 27 de junio, fue exhumado por gente de Quila y llevado a la población donde lo velaron y le dieron sepultura.

Fue canonizado por Juan Pablo II el 21 de Mayo de 2000.

 

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