¡Ahora sí me caso por amor!… ¡Por la boca muere el pez!

Imagen: Frank Dicksee

Imagen: Frank Dicksee

 

Estaba revisando mi cuenta de twitter @semperfiat, cuando leo el siguiente tweet de Elena Postigo @PostigoElena, profesora de Filosofía y Bioética:

“Por la boca muere el pez. Escucho en la radio que Adriana Abascal afirma: “por fin me caso por amor”. ¿Y las otras dos veces por qué fue?”

La verdad, ni idea tenía de quien era Adriana Abascal. Busqué brevemente, y hasta mi paisana salió. Fue Miss México en 1988, quedó entre las cinco finalistas del certamen de Miss Universo en 1989. Fue pareja del fallecido dueño del Televisa: Emilio Azcárraga (Padre). Después de un alto funcionario de la millonaria empresa Telefónica. Y finalmente, hoy se casa con un millonario Francés.

No, no quiero quedar en el burdo comentario farandulero. Quiero que saquemos conclusiones a partir de esta noticia. En lo personal, siempre intentaré no hacer juicios de valor o temerarios, sino descriptivos. Es más, sin duda mi paisana estará en mi oración diaria, ya que se encuentra precisamente en el inicio del atardecer de la vida. Etapa donde uno psicológicamente ya no se proyecta, sino se revisa. No sé si sus cuentas de cara a DIOS salgan buenas. Pero si no es así, espero que reciba la gracia del arrepentimiento y de recibir el abrazo misericordioso y gratuito de DIOS.

Aclarado esto, vamos al punto: Siempre ha habido mujeres interesadas ¡Pero que dolor ver que en nuestros tiempos abunden! 

Es cierto, la mujer hoy genera ingresos -usualmente a costa de descuidar su maternidad, pero ése es otro tema- mas la infección no es la valoración del trabajo, sino la avaricia y vanidad. ¡Qué ha hecho el mundo de nuestras mujeres!

Dentro de esta crisis existencial, antes poníamos sólo a las bonitas que interpretaban su belleza, como el recurso para tener una vida asegurada económicamente, ya sea explotando sus atributos en trabajos poco decentes como la pornografía o el modelaje inmodesto, o bien enganchando a algún millonario. Hoy, con las cirugías a la mano de cualquier ciudadano, una chica puede pedir como regalo de 15 años un par de implantes de senos. ¡Cómo no va a ser así, si la competencia cada vez está mas dura!

La feminidad, el desapego, la transparencia, la delicadeza, la ternura, la maternidad, el espíritu de sacrificio, entre otras virtudes más, eran las que identificaban a la mujer; hoy se han suplido por el feminismo, la superficialidad, la vanidad, la ambición, la avaricia, el narcisismo, y la negación de su esencia maternal mediante el aborto.

No, no soy un machista. Quien me conoce, si ha alguien he defendido de palabra y obra, es a la mujer. Pero reconozco que si el machismo es detestable, el feminismo es igual o peor, pues bien dice el cantautor Martín Valverde: “La fabrica de los machos es femenina”. Una cosa es que la mujer defienda su dignidad de hija amada de DIOS, y otra muy distinta que se deje dominar por la venganza, el odio, la avaricia, la promiscuidad, etc.

Aquí quiero también apuntar a varios sectores de mi amada Iglesia Católica que se han dejado infectar por ideologías predominantemente protestantes, donde se le dice a la mujer que es una reina, o una princesa por ser hija del Rey de Reyes. Y dicen verdad, pero lo que no explican -y ni pretenderán hacerlo- es que el reinado de ese Rey de Reyes no es el del culto al ego, sino de morir a sí mismo, de renuncia a sí mismo, de vaciarse de sí mismo.

En el bautismo somos ungidos con el Santo Crisma y hechos sacerdotes, profetas y reyes. Pero reyes a imagen de aquel Rey que nació humilde en Belén, que fue despreciado e incomprendido por los de su pueblo, que tocaba a los leprosos, que lavaba los pies, que murió en la cruz.

Sin duda el hombre tiene que proveer con su trabajo el pan de cada día. Repito, el pan de cada día. Pero hoy la mujer quiere la panadería. Y suponiendo que sea lícito el tener la panadería, ¿No es más hermoso, formativo y anecdótico construirla entre los dos, y desde abajo? Nunca olvidaré a aquel matrimonio de ese pequeño pueblito en el que me encontraba de misión. Los dos construyeron su casa literalmente con sus manos. Después los mismos hijos colaboraron en el interior de la misma. El trabajo es más que un salario, y el matrimonio más que dos personas enamoradas soñando vivir cómodamente.

En fin, me he extendido, así que concluyamos: La mujer que se ha dejado infectar el corazón con el pecado, no podrá amar con toda la capacidad que DIOS ha puesto en ella. Vivirá engañada por los falsos valores del mundo, y si no despierta a tiempo, correrá la misma suerte de Narciso, y por la misma razón.

Es aquí donde hago un llamado a los hombres. Juan Pablo II acertadamente dijo: “Dios ha asignado como deber a cada hombre, cuidar la dignidad de cada mujer”. ¡Urge que el hombre sea consecuente con este deber! No le quito responsabilidad a la mujer, pero sí que es cierto que si el hombre fuera verdaderamente un hombre, la mujer no estaría arrastrándose en los lodos de la superficialidad y la avaricia. La mujer por naturaleza no necesita mucho para ser “conquistada”, le basta amor, fidelidad, seguridad fruto de la donación masculina. Si hoy pide dinero, sexo, cirugías, vicios ¿No será porque nuestra labor de cuidar y proteger su dignidad está siendo desastrosa o nula?

Finalmente no puedo despedirme sin mencionar un breve punto con respecto al divorcio. Habrá quien diga que tiene una historia semejante a la de Adriana, pero que a diferencia de la modelo, ella sí se casó por amor en sus matrimonios previos.

Pues bien, si así fuera, el amor no es fiel, y si no es fiel ¿para qué nos casamos? ¿o por qué nos duele una infidelidad? Hay una gran distorsión del concepto del amor. Al grado de caer en la estupidez y la falta de sentido común. Pues quien se divorcia para irse a consolar con otro, usualmente sale con el cuento de: “No me llevo bien con mi marido”, “Mi marido no me entiende”, etc. Pero, hermana, ¿Al principio sí te llevabas bien con tu marido y él te entendía? Asumo que sí, pues decidiste casarte con él. Entonces, ¿Qué te asegura que hoy que te llevas bien con el otro, y que te entiende, no terminé la historia como la de tu primer marido?

¡SEÑOR, derrama una gracia que renueve los corazones de tus mujeres, para que deseen los bienes eternos sobre los terrenos!

¡SEÑOR, derrama una gracia que aleccione la negligencia masculina delante de sus deberes para con la mujer!

DIOS les bendiga.

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