Disculpa que no te atienda…

 

¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegaran a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada

(Is 49:15–16)

 

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