En el cielo hay fronteras, en el infierno no…

Si hacemos vivir bajo nuestro mismo techo los cerdos y los perros, si el cazador muchas veces permite a sus perros subir a su propia cama, si el agricultor saluda a su ternero dándole un beso, y esto todavía no es mucho, sino que el viajero lava las patas del asno con sus propias manos, y también le limpia el estiércol y le prepara el lugar para dormir ¿consideramos menos dignos de amor a nuestros semejantes, que son de nuestra misma especie?

San Gregorio de Nisa
¡Gracias por tus donaciones!