El anuncio del Evangelio debe ir por el camino de la pobreza.

PapaPobre

 

‘No procurarse ni oro ni plata, ni dinero en sus carteras’ Un anuncio, que el Señor quiere que hagamos con simplicidad. Esa simplicidad que da paso a la fuerza de la Palabra de Dios, porque si los apóstoles no habrían tenido confianza en la Palabra de Dios, tal vez hubieran hecho otra cosa. ‘Gratuitamente habéis recibido, dadlo gratuitamente’. Todo es gracia, y cuando lo que queremos es actuar en un modo en que la gracia es dejada un poco de lado, el evangelio no es eficaz: La predicación del evangelio nace de la gratuidad, del asombro de la salvación que viene, y aquello que me dieron de forma gratuita, tengo que darlo de forma gratuita. Y desde el inicio aquello fue así.

San Pedro no tenía una cuenta bancaria, y cuando tuvo que pagar impuestos, el Señor lo envió al mar para pescar y encontrar la moneda dentro del pescado, para pagar. Felipe, cuando se encontró con el ministro de Economía de la reina Candace, no pensaba, ‘Ah, bien, hagamos una organización para sostener el evangelio…’ ¡No! Él no hizo un ‘negocio’ con él: sino que le predicó, bautizó y se fue.

El Reino de Dios es un regalo. Desde el inicio de la comunidad cristiana, esta actitud ha sido sometida a la tentación. Allí está, la tentación de buscar la fuerza en otro lugar que no fuera en la gratuidad, mientras que nuestra fuerza es la gratuidad del evangelio. Por otra parte, siempre, en la Iglesia, ha habido esta tentación. Y esto crea un poco de confusión, pues, el anuncio parece ser proselitismo, y de esa manera no va. El Señor nos ha invitado a predicar, no a hacer proselitismo. Ya Benedicto XVI insistía en que la Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción. Y esta atracción, viene del testimonio de aquellos que desde la gratuidad anuncian la gratuidad de la salvación: Todo es gracia.

¿Y cuáles son las señales de cuando un apóstol vive esta gratuidad? Hay muchos, en primer lugar, la pobreza. El anuncio del evangelio debe ir por el camino de la pobreza. El testimonio de esta pobreza: no tengo riquezas, mi riqueza es solamente el don que he recibido, Dios. Esta gratuidad: ¡esta es nuestra riqueza! Y esta pobreza nos salva de convertirnos en organizadores, empresarios…

Se deben llevar a cabo las obras de la Iglesia, y algunas son un poco complicadas; pero con corazón de pobreza, no con corazón de inversionista o de un empresario, ¿no?… La Iglesia no es una ONG: es otra cosa, más importante, y nace de esta gratuidad. Recibida y anunciada. La pobreza es uno de los signos de esta gratuidad.

El otro signo es la capacidad de alabanza: cuando un apóstol no vive esta gratuidad, pierde la capacidad de alabar al Señor. Alabar al Señor, de hecho, es esencialmente gratuito, es una oración gratuita: no pedimos, solo alabamos.

Estas dos son las señales de que un apóstol vive esta gratuidad: la pobreza y la capacidad de alabar al Señor. Y cuando encontramos apóstoles que quieren hacer una Iglesia rica y una Iglesia sin la gratuidad de la alabanza, la Iglesia envejece, la Iglesia se convierte en una ONG, la Iglesia no tiene vida. Pidamos hoy al Señor la gracia de reconocer esta gratuidad: ‘Gratuitamente habéis recibido, gratuitamente dadlo’, reconociendo esta gratuidad, este don de Dios. Y también nosotros, ir hacia adelante en la predicación del evangelio con esta gratuidad.

(Papa Francisco / Vaticano / 11 de Junio de 2013)

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