La Santa de las costillas movidas

GemmaGalgani

Como es sabido, DIOS le concedió a Santa Gema Galgani muchos fenómenos sobrenaturales, entre ellos, hoy quiero resaltar el del agrandamiento de su corazón.

Sí, estamos hablando del corazón físico, pero como signo del espiritual. Su mismo director espiritual fue testigo de ello: “Yo mismo vi agitarse la silla en que estaba sentada y la cama en que yacía durante las fuertes conmociones, mientras ella permanecía quieta, sin sombra de fastidio, angustia ni temblor…”

La señora Cecilia, que cuidaba a Gema, le escribirá en otra ocasión al padre espiritual de Gema diciendo: “Tres costillas se le han salido de su sitio. Esta mañana, por obediencia al confesor, me ha mostrado la parte del corazón y he visto que están muy levantadas”. Y efectivamente, el Padre Germán después dirá: “las tres costillas estaban fuertemente encorvadas, casi en ángulo recto, formando exteriormente un voluminoso abultamiento que dejaba, en la parte interior, espacio suficiente para que el corazón latiese con menos dificultad”.

Pero, alto ahí… evitemos esos frecuentes extremos en los que caemos ante eventos sobrenaturales. Me refiero al extremo de quedarnos en los acontecimientos de manera sensacionalista, sin adentrarnos en el mensaje que DIOS quiere darnos a través de ellos, o bien en el escepticismo de aquellos que presumen de ciencia o teología, y que terminan creyéndose la divina garza envuelta en huevo, y el mismo Dios les queda chico a su ilustre conocimiento.

Así que con alma sencilla, madura y humilde escuchemos a Gema explicar primero el fenómenos físico:

“Hace ocho días que de la parte del corazón siento un fuego misterioso que no sé entender. Los primeros días no hacía caso, porque me daba poco o nada fastidio, pero este es el tercer día que el fuego va creciendo de tal manera que no puedo soportarlo. Necesitaría hielo para extinguirlo, me da mucho fastidio. Me impide dormir, comer, etc. Es un fuego que sale hasta el exterior y tengo la piel un poco quemada, es fuego que no me atormenta, me deleita, pero me consume”

Podrá tener o no tener explicación científica, como he dicho, pobre de nosotros si nos quedamos en los meros acontecimientos. Así que escuchemos la interpretación espiritual que da la propia santa a su director espiritual:

“¿No lo ve? Jesús es muy grande y mi corazón pequeño. Jesús no cabe en mi corazón tan pequeño y lo sacude y lo sacude para hacerse lugar. Mal se remediará la falta de espacio, si Jesús no lo remedia. Que se dilate cuanto quiera el corazón con tal que esté cómo Jesús”.

Sin lugar a dudas es un llamado a ver la propia miseria, la natural y la provocada. Hay tantas, pero tantas cosas que estorban la acción de DIOS en nuestras vidas. El mismo Papa Francisco en su cuenta de Twitter ha publicado hace un par de días:

“Hoy, muchas de las pobrezas morales y materiales vienen del rechazo de Dios y de poner en su lugar a tantos ídolos”

DIOS no se asusta de nuestra miseria natural, y me atrevería a decir que ni de la provocada, sino de la obstinada. Es decir, de esa miseria terca que nos hace dioses de nosotros mismos, que no permite corrección alguna, que nos hace dueños arrogantes de nuestra propia vida, y que por tanto, no da el mínimo espacio para que el Espíritu Santo derrame una gracia de conversión.

En fin, podría extenderme mucho hablando de las miserias que hoy la humanidad endiosada de sí misma está provocando, pero prefiero terminar resaltando la obra de DIOS en ese pequeño puñado de almas víctimas, como lo fue Gema. Almas víctimas que saben pedir a Dios lo importante por encima de lo urgente. Escuchemos las palabras que Jesús dirigió a Gema en una de sus comuniones sacramentales:

“Mira, Gema, yo tengo en mi Corazón una hijita que amo mucho y de la que soy, a mi vez, amado. Esta hija me pide siempre amor y pureza y yo le he concedido tanta como puede caber en una humana creatura. Yo mismo he sido quien ha guardado siempre la limpieza de su corazón, como corazón que es de esposa elegida por el celestial y divino esposo”.

El Señor nos permita responder como Gema:

¡Oh Corazón de mi Jesús, tan humillado por mí! ¿Qué haré por ti? ¡Oh Corazón grande, omnipotente, te adoro, no ya con reverencia de esclava sino con el puro amor de… esposa!”.

DIOS les bendiga.

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