La vida – Santa Teresa de Lisieux

ThereseVida

 

¡Si supieras, Paulina, qué verdad tan grande es que en todos los cálices ha de mezclarse una gota de hiel! Pero creo que las tribulaciones ayudan mucho a despegarse de la tierra y nos hacen mirar más allá de este mundo. Aquí abajo nada puede llenarnos, sólo podemos gustar un poco de reposo cuando estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios.

A mi navecilla le cuesta mucho llegar a puerto. Hace ya mucho tiempo que diviso la orilla, y aún me encuentro lejos de ella; pero es Jesús quien guía mi barquilla, y estoy segura de que el día que él quiera la hará arribar felizmente a puerto.

Paulina querida, cuando Jesús me deje en la ribera bendita del Carmelo, quiero entregarme a él por entero, no quiero vivir más que para él. No, no temeré sus golpes, porque, hasta en los más amargos sufrimientos, siento siempre que es su dulce mano la que golpea…

Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan de prisa que realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuando pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a Dios durante toda la eternidad! Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de mi muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad

(Santa Teresa del Niño Jesús)

 

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