No sólo una fe de milagros, sino una fe de fundamentos

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Cuando todo el pueblo acabó de pasar el Jordán, Yahvé dijo a Josué: «Escojan ustedes doce hombres del pueblo, un hombre por cada tribu, y denles esta orden: ‘Saquen de aquí, del medio del Jordán, de donde se han detenido los pies de los sacerdotes, doce piedras, que llevarán con ustedes y depositarán en el lugar donde pasen la noche’.»

Llamó Josué a los doce hombres que había elegido entre los israelitas, uno por cada tribu, y les dijo: «Pasen delante del arca de Yahvé su Dios, hasta el medio del Jordán, y cada uno de ustedes cargue sobre sus hombros una piedra, según el número de las tribus israelitas, para que sea esto una señal en medio de ustedes. Cuando el día de mañana sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significan esas piedras?’, les dirán: ‘Es que las aguas del Jordán se separaron delante del arca de la alianza de Yahvé; cuando atravesó el Jordán, las aguas del Jordán se separaron. Estas piedras serán para los israelitas memorial para siempre’.»

Así lo hicieron los israelitas, según las órdenes de Josué: sacaron doce piedras del medio del Jordán, según el número de las tribus israelitas, como había mandado Yahvé a Josué; las llevaron al lugar donde iban a pasar la noche y las depositaron allí. Y Josué erigió doce piedras en medio del Jordán, donde habían pisado los pies de los sacerdotes portadores del arca de la alianza, y allí están todavía hoy.

(Josue 4,1-9)

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