Peña Nieto Presidente, América Campeón ¿Y los católicos, apá?

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A ver, déjenme ver si entendí: En la épica victoria de Peña Nieto en las elecciones, todo mundo estaba convencido que fue gracias a la televisora dominante… pero detrás de la épica final del fútbol mexicano, NO. ¡Ah, ok, ya entiendo, es que en este caso se trata de nuestro bendito y sagrado fútbol mexicano!… 

Tengo testigos, con lujo de detalles profeticé como el Ave Fenix Amarillo se levantaría en cándido vuelo. Bueno, la verdad es que no tengo mérito, es fácil reconocer que sería la misma gata de siempre, pero revolcada. En fin, comencemos, y que se ponga el saco a quien le quepa. Mis juicios intentarán ser descriptivos y no de valor.

1. Los fanáticos

Hoy muchos católicos que apoyan al Club América siguen emocionados ante la reacción épica de su equipo. ¡Que hermoso es sentir la adrenalina! ¡Necesitamos la exaltación de los sentidos para olvidar los dramas del país! ¡Necesitamos seguir novelando la historia de México con unos nuevos niños héroes, unos que lleven zapatos de fútbol! Pero eso sí, chance y ni siquiera fui a Misa, o fui temprano para cumplir y poder quedar “libre” para ver el partido en la tarde. Seguro no comulgué, pero no porque estuviera en pecado mortal, sino para poder dejarle espacio a las chelas y la botana. ¡Muchos lloraron al ver a su equipo levantar la Copa, pero no derraman ni una sola lágrima cuando el sacerdote levanta el cáliz que contiene la bendita Sangre de nuestro amado SEÑOR! ¡Vaya! Para no alargarme: conozco católicos americanistas que cuestionan negligentemente su fe y a la Iglesia… pero eso sí, hoy sería un insulto decirles que la final del fútbol mexicano fue un capítulo más de “La Rosa de Guadalupe”.

Pero el vergonzoso drama también viene de los seguidores de los demás equipos, no sólo de los del Cruz Azul. Porque sabemos que en México sólo hay de dos: o eres americanista, o anti-americanista. Claro, las dos posturas son traídas a ustedes, gracias al patrocinio de las Televisoras dominantes. La polarización en el entretenimiento del pueblo siempre ha sido un negocio rentable. A ver cuántos meses nos aventamos en las redes sociales atacándonos y ridiculizándonos mutuamente, por defender a futbolistas y empresarios que no saben ni cómo nos llamamos… bueno, perdón, si lo saben, olvidaba que tú pagas una membresía para sentirte miembro del club, si no es que ya has comprado un palco. A buen entendedor pocas palabras.

2. Los jugadores

Y ya que mencioné a los jugadores, arranco con ustedes también. ¿Somos católicos? ¿En serio? Ah, ya entiendo, la promiscuidad y el alcoholismo en la concentraciones y asados, es terapia para relajar los músculos de las piernas. Y ni qué decir de enamorar y jugar con los sentimientos de muchachitas. ¡Tengo los pelos de la burra en la mano!

Sí, yo sé. Eres sumamente católico porque te persignas al entrar al campo, no importa que sea con sentido de superstición o cábala, darle el verdadero sentido consagrando el propio trabajo al SEÑOR, está de más.

Una cosa es fintar, ser astuto en el juego, pero, ¿se vale fingir penales? ¿se vale fingir lesiones y hacer tiempo lloriqueando media hora en el pasto? Aún recuerdo varios gestos del futbolista católico Miroslav Klose, quien se ha rehusado a patear falsos penales, quien ha pedido que le invaliden un gol por haberlo metido con la mano. Lo menciono, por si hay alguno que me salga con el cartucho quemado de “nadie juega honesto”.

3. Aficionados

Sin lugar a dudas, tengo que matizar, pues hay grande diferencia entre aquellos que se deprimen por la derrota de su equipo, o aquellos que ya podrían morir en paz porque su equipo ha sido campeón, y hombres y mujeres que le dan su justa medida a lo que es hoy un juego, un negocio.

He de reconocer que en mi adolescencia fui un fanático del fútbol. Pero los años, el tocar los verdaderos dramas existenciales en la carne de tantos hermanos y hermanas, te van poniendo un panorama en donde tus aficiones y pasatiempos no sólo tienen poca o nula cabida, sino en muchos casos, hasta pena y vergüenza sientes de haberles dado más valor del que tenían.

Hoy creo que una sana afición deportiva es una herramienta para fomentar la amistad, unir lazos familiares, descansar, e incluso para evangelizar. El Papa Francisco es aficionado del equipo de San Lorenzo de Almagro. Invito a todos a investigar quien fue el fundador de dicho club, y las intenciones que tuvo con ello.

En fin, yo a pesar del circo mediático que se ha hecho con el fútbol mundial, pero en especial en México, me sigue gustando usarlo como herramienta para pasarla bien con los amigos: La broma, incluso la carrilla mutua la considero saludable. Pero no más.

¿Quieres saber si eres fanático o aficionado?

– Pregúntate en qué contribuye tu gusto deportivo a tu crecimiento humano y de fe. ¡Hay gente que hasta agrede física o verbalmente por su equipo!

– Cuánto tiempo se te va en tu equipo. Asumo que al menos las dos horas del juego semanal, sin contar lo que veas en youtube o redes sociales. ¿Cuánto inviertes en oración y en tu formación de fe?

– Cuánto gastas en alimentar tu afición, dígase boletos para el estadio, camisas, artículos conmemorativos, etc… ¿Sabes que hoy nuestros hermanos católicos son perseguidos en China y en la mayoría de países árabes a causa de su fe? Te invito a que entres y explores a este sitio web: http://www.ain-es.org

4. ¿Y los católicos, apá?

Hoy México vive un drama aterrorizante, narcotráfico, crimen organizado, aprobación del aborto, destrucción del matrimonio y la familia… y hay que decirlo, una gran parte de católicos sólo piensan en verse el ombligo; sí, ahí donde tienen tatuado el escudo de su equipo o el nombre de su artista favorito.

No te pido que te vayas de misión a Siria, empieza dando el primer paso… si eres de los embrutecidos, desembrutece tu sentido crítico, descongela tu fe. Vienen tiempos muy difíciles a causa de que el ser humano se ha vuelto dios de sí mismo. Y la Iglesia no está exenta de infectarse de este virus narcisista.

Es tiempo de despertar, vivir y compartir tu fe con coherencia, valentía, y celo apostólico. Si la fe no está impregnando TODAS las áreas de tu vida, tu fe no es fe, es una simple afición religiosa.

Hoy permitimos abortar, mañana será obligatorio como en China. Y deja te pregunto, tu hija que sólo vive pensando en el actor de la novela de moda, ¿estará capacitada para defender la vida de su bebé?, o tu hijo que hoy se siente la divina garza envuelta en huevo porque su equipo es campeón, ¿podrá dar la cara para defender su fe, a ejemplo de sus antepasados, los mártires asesinados por la persecución del gobierno del presidente Plutarco Elias Calles?

No pretendo generar pánico. La Iglesia siempre ha vivido en persecución interna o externa. De hecho, en una ocasión se le preguntó al gran Papa León XIII: “¿Cuales son los rasgos que distinguen a la verdadera Iglesia de Cristo?”. Y el respondió: “Los ya conocidos: Una, Santa, Católica y Apostólica… bueno, agreguemos una más, ¡Perseguida!”

“Debemos prepararnos a sufrir, dentro de no mucho tiempo, grandes pruebas que nos exigirán estar dispuestos a perder inclusive la vida y a entregárnos totalmente a CRISTO y por CRISTO. Por su oración y la mía es posible disminuir esta tribulación, pero ya no es posible evitarla, porque solamente de esta manera puede ser verdaderamente renovada la Iglesia. ¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia se ha efectuado con sangre! Tampoco será diferente esta vez”

 (Juan Pablo II acerca del tercer secreto de Fátima; Stimme des Glaubens; Fulda, Alemania; Octubre 1981)

“Estamos ahora ante la confrontación histórica más grande que los siglos jamás han conocido. Estamos ante la lucha final entre la Iglesia y la anti-Iglesia; entre el Evangelio y el anti-Evangelio. No creo que el ancho círculo de la Iglesia estadounidense ni el extenso círculo de la Iglesia universal se den clara cuenta de ello. Pero es una lucha que descansa dentro de los planes de la Divina Providencia, y es un reto que la Iglesia entera tiene que aceptar”

(Cardenal Karol Wojtyła, después: Juan Pablo II; Congreso Eucarístico; Filadelfia, Estados Unidos; 1976)

“Entren por la puerta angosta. Porque la puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles, y pocos los encuentran”

(Mateo 7, 13 -14)

 

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