¡Que bueno que DIOS no responda nuestras oraciones!

Imagen: William-Adolphe Bouguereau

Imagen: William-Adolphe Bouguereau

 

Es bueno, saludable y hasta conveniente que nuestro SEÑOR no responda siempre nuestra oración en nuestros momentos de necesidad, o al menos, no de manera inmediata. Y es que muchas veces es preferible perder un poco de salud, de bienes económicos o de paz emocional, por crecer en la madre de todas las virtudes: La Humildad.

– El que se enferma gravemente, se dará cuenta de que su salud se le fue dada para servir a DIOS y a su prójimo. Porque muchos pedimos la salud para poder seguir pecando “saludablemente”.

– El que pierde riquezas o estabilidad económica, se dará cuenta de que la mayoría de pobres, no son pobres por pereza o negligencia, sino a causa de la injusticia y el egoísmo social. ¡Que bueno sería en estos casos, poder experimentar lo que verdaderamente es la sed, el hambre, y el frío!

– El que pierde a un ser querido, se dará cuenta de que la muerte tarde o temprano llegará a tocar la puerta de su vida, y como dice San Alfonso María de Ligorio: “Es preciso que procuremos hallarnos a todas horas como quisiéramos estar a la hora de la muerte..”

Y continúa diciendo sabiamente el santo: “Por eso es necesario que desde ahora aceptemos el abandono de nuestra propiedades.. y de todos los bienes terrenales. Si no lo hacemos así voluntariamente en la vida, forzosa y necesariamente la haremos al morir; pero entonces no será sin gran dolor y grave peligro de nuestra salvación eterna…” y termina diciendo el Doctor de la Iglesia: “En el trance de la muerte se completa y perfecciona la corona de los justos, porque entonces se obtiene la mejor cosecha de méritos, abrazando los dolores y la misma muerte con resignación o amor… Mas no podrá tener al morir estos buenos sentimientos quien no se hubiere en vida ejercitado en ellos… Lo que viviendo no se hace, difícil es hacerlo al morir”

Quizá por ello, Santa Teresa del Niño Jesús en su oración de la humildad, pide lo que el alma egoísta jamás pediría: “¡Señor, dame una humillación, apenas me haya levantado de otra!”

No, no es masoquismo, es la conciencia de saber que tenemos una naturaleza frágil, herida, que pronto se encierra en una burbuja, que con facilidad nutre los más escondidos egoísmos de nuestro interior. Y siendo así, ¡Benditas las humillaciones que nos recuerdan día y noche que somos peregrinos, que somos extranjeros en esta tierra!

Ciertamente hay que disfrutar esta vida terrena, pero sólo se disfruta en la clave de salvación eterna. Bien lo diría el hoy Papa Emérito Benedicto XVI: “Nadie puede ser completamente feliz, si no son felices todos”. Es entonces cuando resuenan nuevamente las palabras de la más joven doctora de la Iglesia: “Dime, que los santos pueden seguir trabajando por la salvación de las almas… Si en el paraíso no puedo trabajar por la gloria de Jesús, prefiero seguir en el destierro y luchar por El”.

Sin duda que  DIOS responde nuestras oraciones, pero su respuesta no siempre va de acuerdo a nuestras expectativas, especialmente cuando éstas brotan de una voluntad que se busca día y noche así misma,  y por tanto, ignora o desprecia, la sabia Voluntad Divina.

Para concluir, hoy al antes de dormir, imagina que estás agonizando, y pregúntate:

¿Podría darle a DIOS una sola razón que le convenga a Él para dejarme vivo?

Estamos a tiempo, DIOS nos promete siempre su perdón aquí en la tierra, pero no nos promete el día de mañana.

¡Gracias, SEÑOR, por responder nuestras oraciones, aun cuando con los bienes que recibimos de Ti, los usamos para ofenderte, ignorarte o dejarte como “plato de segunda mesa”!

 

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